La sobreprotección infantil hoy es un estilo educativo relativamente habitual en las familias españolas. La propia idea que tenemos los adultos de que sufrir, pasar ansiedad, tristeza, frustración ect… es malo y hay que evitarlo a toda cosa, hace más probable que se tienda a la sobreprotección de los niños.
Sobreprotección infantil
Cuando nos referimos a sobreproteger, es a proteger en exceso a los niños, es decir, hacer todo lo posible porque no sufran, como por ejemplo, intentar hacerles las cosas para que no se equivoquen, si tienen problemas con amigos ir a defenderles, si están tristes porque no tienen algo dárselo o comprárselo, ect…
Los padres sobreprotectores aparte de la idea inicial de que hay que evitar todo dolor, sienten miedo de que sus hijos sufran, y hacen todo lo posible para evitarlo. Está claro que de manera inmediata lo suelen conseguir pero ¿Eso es realmente positivo?, ¿Eso tiene alguna consecuencia para el niño?
Vamos a ver qué consecuencias tiene la sobreprotección infantil a largo plazo:
No aprenden habilidades de solución de problemas.
Esto es lógico, si yo no soluciono mis problemas y siempre me lo hacen no voy a tener practica y por tanto habilidad para hacerlo. Si mama o papa siempre que tenga un problema, por ejemplo con un amigo, me lo solucionan, cuando sea mayor, mama y papa no podrán hacerlo ¿voy a saber?, la respuesta está clara, no.
A los niños no hay que solucionarles los problemas, hay que enseñarles a solucionarlos.
No aprender a gestionar emociones.
Esto si te paras a pensarlo también es lógico, si me evitan cualquier sufrimiento, el día que no puedan evitármelo y este triste, ansioso, no sabré que hacer. No sabré como gestionarlas, como reducirlas o simplemente saber que son normales.
A los niños no hay que evitarles las emociones que causan malestar, tenemos que enseñarles a gestionarlas y que hacer en esos momentos.
No toleran la frustración ni las emociones negativas.
Como no están acostumbrados a sufrirlas no toleran emociones negativas, ni que las cosas no sean como ellos quieres.
En el momento en el que aparecen no las toleran, lo que les hace revelarse contra ellas, como consecuencia un doble sufrimiento, el propio y natural de la emoción más el revelarse a sentirla.
Queramos o no, las emociones que nos hacen sentir mal o que las cosas no salgan como queremos, son cosas bastante habituales, hay que verlo como algo que es parte de la vida y no como algo horrible.
Baja autoestima.
La consecuencia de todo lo anterior se ve reflejada en la autoestima del niño, al final si yo no hago nada por mí mismo, no tengo la autonomía necesaria para mi edad, voy a pensar que no puedo hacerlo, que no soy capaz.
Tendencia a abandonar tareas.
Como no están acostumbrados a que no les salgan las cosas como quieren y además no toleran frustrarse. En el momento en el que las cosas no les salgan como ellos quieren van a pensar que no son capaces y van a dejar la tarea.
No reciben consecuencias a sus acciones.
En ocasiones, no reciben las consecuencias ya que se las evitan. Vamos a poner un caso un poco extremo pero que en ocasiones ocurre.
El niño se enfada con un compañero porque le ha pegado, los padres hablan con el niño para que hagan las paces y le perdone, el otro niño al final le perdona. En este caso le hemos evitado la consecuencia de pegar a un compañero, que es que se enfade con nosotros, y tener que ir a pedirle perdón. Estamos eliminando una consecuencia del comportamiento que le hace aprender que no se debe pegar a un compañero.
Estamos eliminando una fuente de aprendizaje muy importante.
Está claro que la sobreprotección infantil, consigue que nuestros hijos a corto plazo no sufran, pero a largo plazo no les dotamos de habilidades para afrontar las cosas, con lo cual en un futuro aumentamos la probabilidad de que sean infelices.
