
Cada inicio de año nos planteamos un sin fin de propósitos y deseos que nos gustaría lograr o que se cumpliesen, transcurren los meses y nos plantamos en los últimos días del año, sintiendo que no hemos logrado apenas la mitad de esa innumerable lista.
Como consecuencia, sentimos una profunda tristeza, decepción y frustración por no cumplirse esos deseos tan añorados que nos planteamos hace un año. Además de no cumplir esas promesas, evaluamos de manera negativa nuestro año, sacando conclusiones erróneas acerca de nuestra suerte, nuestra vida y de nosotros mismos.
Queremos que en esta ocasión sea diferente, que nos sintamos felices por la experiencia y vivencia que nos ha acompañado durante el año, logrando o no cumplir los propósitos que nos planteamos. Para ello os dejamos una serie de pautas a seguir:
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Plantearnos propósitos que podamos llegar a lograr, no imposibles que deseamos. Es muy bonito pedir sin limitaciones, pero es importante ser conscientes de si realizando un esfuerzo seremos capaces de lograrlo.
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Cualquier objetivo nos costará esfuerzo, es importante saberlo de antemano, ya que de esta manera ante las primeras dificultades seremos capaces de hacerlas frente y no nos hundiremos.
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No se trata de la lista a los reyes, por ello debemos analizar que es lo que queremos cambiar en nuestra vida de verdad, lo importante, aquello que nos va a permitir ser más felices.
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Nuestros deseos deben nacer y cumplirse por nuestro trabajo, no de una circunstancia externa, no depender de los demás. No podemos desear que nos toque la lotería, ya que ahí poco podemos hacer además de comprar un boleto, pero sí intentar expresar lo que quiero o necesito a los demás, respetando nuestras decisiones.
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Lo verdaderamente importante no es tanto conseguir los propósitos que nos hemos marcado, sino la actitud con la que nos enfrentamos a ellos y lo que vamos aprendiendo en el camino. Quizá no he dejado de fumar por completo, pero he reducido el número de cigarrillos y además he aprendido como gestionar mi ansiedad.
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No quedarnos únicamente con los fracasos o errores, con la frustración, impotencia, rabia o tristeza por no lograr nuestros deseos. Sino con el aprendizaje, constancia, fortaleza y resiliencia con los que hacemos frente a las dificultades.
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Es muy importante no generalizar ante una derrota puntual, que no lo hayamos conseguido no significa que nuestro año haya sido catastrófico.
¡¡Si enfocamos nuestros deseos como metas que nos ayudarán a crecer y aprender, siempre saldremos ganando!!