
Planes, metas, objetivos… ¿te planteas cómo será tu futuro?, ¿qué quieres conseguir?, ¿cómo te gustaría que fuese tu vida dentro de unos años?
Es importante e incluso necesario establecer objetivos en nuestra vida, ya sean grandes o pequeñas metas diarias (ascender en mi puesto de trabajo, comprarme una casa, aumentar mi red social, salir más, formar una familia…), cualquier objetivo es válido siempre que sea importante para nosotros y conseguirlo nos haga sentir bien. Proponernos metas nos hace movernos, nos motiva, nos dirige hacia la consecución de ese propósito, además de todo lo que vamos aprendiendo y consiguiendo por el camino. No es únicamente la satisfacción y orgullo de conseguir esa meta, sino todo lo que llevamos cuando lo logramos.
Esa meta que puede tener consecuencias muy positivas y proporcionarnos gran bienestar, puede también ser foco, por el contrario, de malestar, daño y sufrimiento. Pero, ¿cómo se llega a este punto? ¿cómo algo beneficioso puede convertirse en el generador de tanto dolor?
Esto ocurre cuando ese plan que queremos conseguir pasa a ser algo anhelado, un objetivo que consideramos necesario y sin el que creemos que no seremos felices, transformándose de una meta a una obligación indispensable. Cuando tratamos de conseguir esa meta y vemos que resulta imposible o quizá no resulta tan sencillo o de la manera que hemos planeado, sentimos una gran frustración. Esta frustración se refleja sintiendo una gran ira hacia todo lo que nos rodea, sentimiento de injusticia e incluso enfado hacia ciertas personas. Pero también podemos reflejarlo a través de una profunda tristeza y desánimo, creyendo que esa meta era lo único que podía hacernos sentir felices.
Os dejamos una serie de pautas que os ayudarán ante este tipo de situaciones, ya sea para evitar transformar ese objetivo en algo necesario para nuestra vida, como a afrontar esa frustración cuando no conseguimos cumplir ese objetivo “necesario”.
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Cuando te plantees una meta, intenta que sea realista. No podemos pretender viajar a la luna cuando ni siquiera me he planteado ser astronauta.
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Puede tratarse de una meta pequeña que pueda conseguir cada día o una más grande y complicada. Si se trata de metas algo complicadas, que nos cuesta lograr a la primera, o el camino se hace bastante complicado, intenta dividirlas en pequeños objetivos. Lograr estos subobjetivos nos harán sentir satisfechos y nos motivarán a seguir para llegar a la gran meta.
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Si nos está resultando algo complicado, no tires la toalla, quizá podamos conseguirlo de otra manera.
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Disfruta del camino, de todo lo que vas aprendiendo y ganando, ya que es tan importante como la meta final.
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No seas exigente ni intentes controlar, de lo contrario te frustrarás.
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Una vez que lo hayas conseguido permítete disfrutarlo, saborearlo, sentirte bien por haberlo logrado. No intentes replantearte otro objetivo a continuación, disfruta y después ve a por el siguiente.
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En ocasiones, puede que se convierta en un objetivo imposible o muy difícil de conseguir. En este caso, tranquilo, lo más importante es aceptar esta nueva situación y no vivirlo como un fracaso. Tu bienestar no depende únicamente de ese objetivo, puedes plantearte otro, pero siempre aceptando que no va a poder ser y no por ello vamos a sufrir.
¡¡Aceptar no es sinónimo de resignarse!!