
La mayoría de las personas se sienten satisfechas y felices con su vida, se adaptan y desarrollan según la etapa de la vida en la que se encuentran. Las personas satisfechas, son capaces de afrontar las situaciones difíciles o negativas de su vida, aprendiendo de su experiencia y disfrutando de las pequeñas cosas que les rodean.
La sensación de bienestar que percibimos y deseamos viene determinada tanto por las experiencias positivas que vivimos como por diversos procesos como el aprendizaje, la tolerancia, la comprensión y adaptación de situaciones, y la expresión y regulación de emociones.
Lo que nos hace felices a los 20 no es lo mismo que lo que nos hace felices a los 40 o 60, de ahí la importancia de la adaptación a cada situación y etapa. Pero sí existen variables que favorecen a nuestra felicidad independientemente de la etapa de nuestra vida en la que nos encontremos (niñez, adolescencia, edad adulta y madurez) como la estabilidad emocional, la extraversión, la satisfacción con uno mismo, relaciones interpersonales, la realización de actividades placenteras…
Aquí os mostramos algunas de las variables que afectan en la infancia y adolescencia:
Satisfacción personal
La satisfacción con uno mismo es un predictor de bienestar y felicidad desde la infancia, haciéndose más presente según vamos creciendo. Es cierto que dependiendo de la etapa en la que nos encontremos, y a las circunstancias que vivamos, puede aparecer una disminución en nuestra estima personal , en nuestro autoestima, disminuyendo en la adolescencia. En las mujeres adolescentes aparece una mayor presión social que afecta a la insatisfacción por su propio cuerpo, comienzan las comparaciones, convirtiéndose en una etapa estresante.
Beneficios de la relación paternal
Las primeras relaciones de apego que establecemos en nuestra vida son importantes para nuestro bienestar presente (en la etapa infantil) y nos permiten elaborar una representación sobre el mundo, sobre cómo relacionarnos y las respuestas a nuestras emociones, que influirán en nuestro desarrollo.
Sobre los tres años, los niños necesitan (además de cubrir sus necesidades básicas como la comida, el cuidado y la higiene) afecto y límites, es necesario una combinación de ambos factores para favorecer su bienestar. Establecer límites sin la existencia de una relación cálida, cercana y sensible tiene como consecuencias bajo afecto positivo, frustración , apatía, problemas de regulación emocional y baja autoestima. El afecto sin normas puede llevar a problemas de regulación emocional y de ajuste social. Es necesario un equilibrio entre ambos para favorecer el bienestar del niño.
Existe el error de pensar que si se sobreprotege a los niños no sufrirán y tendrán un mayor bienestar, pero no es así, provocamos lo contrario, ya que al sobreprotegerlos no se permite que desarrollen su independencia y autonomía personal.
La familia tiene un peso muy importante en la satisfacción y bienestar personal en esta etapa y en la adolescencia, dejando además hueco en la adolescencia para nuevas relaciones que cumplirán parte del apoyo afectivo que necesitan, las relaciones con iguales.
Relación con iguales
Se trata de un foco importante de bienestar y aprendizaje que no puede aprenderse en la relación paterno-filial. Es secundaria a la relación familiar, pero también muy importante en su desarrollo y satisfacción desde la infancia a la edad adulta.
Se va produciendo un cambio en el papel que se les otorga a los amigos, pasando de ser un foco de comparación a compartir, experiencias, sentimientos, dificultades…