
Pasados estos días festivos y de vuelta a la rutina, comenzamos a ser conscientes de aquellos excesos navideños que hemos cometido. Estamos agotados, nos encontramos saciados, no tenemos apetito, parece que todo nos cuesta más esfuerzo…
Por eso decidimos empezar el año con energía, muchos propósitos y con intención de eliminar las consecuencias de esos excesos. Pero no es tarea fácil y requiere cierta planificación, teniendo que ser conscientes de ciertas premisas con antelación, para evitar sentirnos frustrados, incapaces, insatisfechos con nosotros mismos…
Así que os dejamos unas pautas que esperamos que os sirvan de ayuda para que podáis conseguir lograr liberar estos excesos:
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Plantearnos de manera objetiva qué queremos conseguir, de manera cuantitativa. Por ejemplo, “quitarme los dos kilos que he cogido en navidades”.
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No obsesionarnos, se trata de una meta, algo que nos gustaría conseguir y vamos a hacer lo posible por alcanzarlo, pero que no se convierta en nuestro único plan diario.
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También por ello no se trata de una obligación, sino de un objetivo que querríamos alcanzar. Si nos exigimos eliminar esos excesos pese a cualquier circunstancia, lo viviremos de forma desagradable, sufriremos y no podremos ser constantes, por lo que no lo conseguiremos.
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No se trata de comenzar ya con la “operación bikini” hasta el verano, ni de plantearnos una dieta estricta. Obligándonos así a estar durante un largo periodo de tiempo sometiéndonos a mucha presión.
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Consiste en llevar una vida saludable. Comer sano y hacer ejercicio, esto no quiere decir que no nos podamos dar nuestros caprichos o que algún día nos saltemos nuestra actividad. Se trata de estar lo más a gusto posible en nuestro día a día para poder mantenerlo, si pretendemos tener una dieta milagro y perderlo en una semana, es mejor que no empecemos.
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El objetivo final es sentirnos bien y satisfechos con nosotros mismos, independientemente del número que refleje nuestra báscula.
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En el caso de tratarse de un cambio más grande o importante, si vemos que no somos capaces o no conseguimos lidiar con nuestro malestar, acudamos a un especialista.
¡¡La vida sana no es sinónimo de pasar hambre o vivir en el gimnasio, sino tener una dieta variada, saludable y movernos. Sobre todo haciendo cosas que nos hagan felices!!