
En multitud de ocasiones me encuentro madres y padres que se alarman ante determinados comportamientos de sus hijos. No vamos a negar a veces esos comportamientos no son comportamientos positivos.
¿Pero cuando un padre tiene que empezar a preocuparse?, ¿Cuándo estamos ante una conducta problema o un problema?, siempre hay que alarmarse ante comportamientos negativos o extraños de nuestros hijos.
Para que podamos decir que estamos ante un problema debemos tener en cuenta estos factores.
Esos factores para decir que estamos ante una conducta problema son:
La frecuencia.
Es muy importante para saber si estoy ante una conducta problema, no es lo mismo que ocurra de una manera aislada que cuando ocurre con asiduidad.
Por ejemplo, si nuestro hijo un día pega a un niño en el parque no tiene por qué ser un problema (tenemos que enseñarle y corregirle eso sí), sería un problema si de una forma habitual pegara a los niños en parque. Igual que si un día un adulto abusa del alcohol y se toma alguna copilla más, no diríamos que tiene un problema con el alcohol, pero si ese abuso es muy frecuente sí que lo diríamos.
La intensidad.
La intensidad con la que el niño hace determinada conducta. Siguiendo con el ejemplo anterior si el niño pega un pequeño empujón al niño su intensidad no será muy alta, sin embargo, si el niño muerde araña y tiene un ataque de ira, su intensidad será alta, como es lógico es más fácil reducir o eliminar la conducta cuando el niño solo da un empujón.
Duración.
El tiempo que el niño pase haciendo la conducta. Es decir, cuánto tiempo pasa pegando.
Se tienen que dar estos factores. Cuando estos factores se dan lo que suele ocurrir es que esa conducta interfiere en algún ámbito de la vida del niño. Por ejemplo, si estamos ante la conducta de pegar, le influirá socialmente (en el trato con otros niños), en casa (con sus padres) e incluso en el área escolar.
Cuando estamos ante una conducta problema debemos buscar ayuda si vemos que nosotros no podemos, y si es una conducta aislada no alarmarnos en exceso ya que esa alarma puede hacer que el niño aprenda a llamar nuestra atención así.