
Todos los padres quieren lo mejor para sus hijos, quieren que sean felices y que estén bien, en muchas ocasiones los padres entienden que ser feliz pasa por ser “Bueno en algo” o “hacer las cosas bien”. De esta idea en muchas ocasiones deriva una hiperexigencia a los niños que lejos de hacerles más felices es una fuente de estrés.
Seguramente muchos de los padres que exigen a sus hijos, lo hacen porque piensan que es lo mejor para ellos y con mucha probabilidad estos padres serán muy exigentes con ellos mismos, por lo que esos altos niveles de exigencia lo verán como algo “normal”. Pero esta alta exigencia no trae cosas positivas para los niños.
Consecuencias de la alta exigencia para los niños.
La exigencia es una fuente de ansiedad para los niños.
La alta exigencia en los niños no hará que sean mejores, ni más listos, sino que conseguirán lo mismo que podrían conseguir sin exigirse tanto pero con más ansiedad. Siempre estarán nerviosos por si no dan la talla, por si no llegan, por si no son lo suficientemente buenos.
Ven el error y equivocarse como algo negativo.
Relacionado con la alta exigencia verán el error como algo malo o algo a evitar, no lo percibirán como una oportunidad para poder crecer, avanzar y aprender. No lo verán como algo inevitable y normal, sino como algo horrible que dice lo validos que son ellos.
Aprenderán a exigirse en exceso.
Si exigimos en exceso a nuestros hijos estos aprenden a exigirse en exceso, no aprenden a aceptar limitaciones, las verán como negativas, se forzaran más allá de lo que es positivo para ellos y esto les hará avanzar de una manera más torpe y menos realista.
Utilizarán la crítica para empujarse cuando algo no les salga como ellos quiere.
Cuando exigimos en exceso a nuestros hijos, tendemos a pensar que siempre lo pueden hacer mejor, con lo que nunca nos fijamos en las cosas buenas que hacen, siempre lo pueden hacer mejor. El niño aprende a solo criticar lo que no consigue, a ver las partes que hizo mal.
No valoraran sus logros (los pequeños que son igual de importantes que los muy grandes).
Un poco relacionado con lo anterior, le enseñamos que los pequeños logros no son importantes, no cuenta, solo hacerlo fenomenal es lo importante, con lo que la sensación que les suele quedar es la de no ser suficiente, no hacer nada bien o no poder.
Su valía como persona estará en función de sus logros.
Van a relacionar lo bien que hacen las cosas con su valía personal, tan bien hago las cosas tanto valgo, idea equivocada ya que alguien puede equivocarse hacer mal algo y su valor como persona no va a variar.
Como debemos exigir a nuestros hijos.
Exigir en función de la edad.
Esto es muy importante, los niños son personas en desarrollo, van desarrollando capacidades poco a poco. Evolutivamente el niño tiene unos tiempos para hacer las cosas, si le pedimos más de lo que puede hacer, el niño no va a poder o lo va hacer con mucho esfuerzo con lo que siempre le quedara la sensación de no llegar y de no poder.
Exigir en función del niño.
Cada niño tiene sus puntos fuertes y sus limitaciones, hay que exigirles en función de eso, no de lo que yo creo que debe hacer.
Reforzar el esfuerzo no es resultado.
Más que reforzar que consigan el objetivo, reforzar el proceso, reforzar que lo intenten, que lo disfruten o simplemente que hagan. Si reforzamos los pequeños pasos reforzaremos la idea de que él puede y le motivaremos para seguir avanzando. De otra manera pueden frustrarse, pensar que no pueden y abandonar.
Enseñarle a superarse a sí mismo no a los demás, ni a un objetivo poco realista.
Lo primero es ponerles metas realistas, es decir cosas que puedan conseguir, pequeñas metas. Y lo segundo no compararle con los demás, cada niño tiene unas características propias, tiene sus propias limitaciones no podemos pedir que todos sean iguales en todos los aspectos, lo que intentaremos será que ellos mejoren en base a sí mismo no en comparación con otros.